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África Subsahariana

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La edición tradicional y la era digital: oportunidades, retos y propuestas

Vosloo insiste en la necesidad de utilizar la tecnología disponible y en no enfocarse sólo en el libro papel, pero ¿qué ocurre del lado de los editores tradicionales?

Los profesionales del libro impreso coinciden en señalar que la edición en África enfrenta desafíos enormes desde hace décadas. Según el editor camerunés François Nkeme, del sello Ifrikiya, el primer problema se relaciona con el costo de los materiales; en efecto, a pesar de los acuerdos de Florencia, el papel sigue pagando impuestos en numerosos países de África, lo que explica que los libros sean tan caros; en segundo lugar, existen serias dificultades para la distribución: no hay suficientes librerías, tan sólo tres o cuatro en Yaoundé y otro tanto en Douala; por lo cual el editor debe imaginar canales de venta alternativos.[1] Así, Nkeme considera que la tecnología no significa un peligro para la edición, sino una gran oportunidad:

Lo digital realmente puede ayudarnos (…). Pienso que nos toca a nosotros [los editores] imponerlo y comenzar al menos lenta, tímidamente; porque después de todo es cierto que no tenemos nada que perder. La tecnología digital nos ayudaría a alcanzar el público extranjero. Pero creo que nosotros, en tanto editores, si queremos avanzar en ese terreno, tenemos que ofrecer una versión electrónica no demasiado cara, pues como comentaba, el grueso del costo para nosotros es la impresión en formato papel. Tal vez pasando por una versión digital podríamos vender el libro más barato, a un precio accesible. [2]

Serge Dontchueng Kouam, director de otro sello camerunés, Presses Universitaires d’Afrique, advierte que es quizás la impresión bajo demanda la herramienta que más puede ayudar a los editores de la región:

Creo que si pudiéramos vincular al pequeño grupo de editores locales con terminales de impresión bajo demanda, aumentarían nuestras posibilidades comerciales y financieras. De modo que más que crear un mercado local de tirajes bajo demanda, se trata de crear un mercado exterior para ampliar las fronteras de la producción local.[3]

Pero algunos editores consideran que el POD favorecería incluso la distribución interna. Russell Clarke, responsable del sello sudafricano Jacana Media, que –como vimos anteriormente– apuesta al POD, coincide en señalar que las deficiencias en logística y la falta de puntos de venta constituyen un serio escollo para la edición en África. En ese sentido, la impresión bajo demanda puede significar un avance clave:

Usar el POD para pequeñas ventas es mucho más adecuado que recurrir a la distribución tradicional. Actualmente, es muy difícil para los lectores de África subsahariana acceder a los e-books. La mayor parte de los e-readers aún no están disponibles en el continente y los servicios web todavía son lentos y poco confiables. De modo que combinar los formatos tradicionales y la tecnología de impresión digital es lo más sensato, ¡al menos por ahora![4]

Con todo, las posibilidades abiertas por lo digital no tendrán una aplicación inmediata, debido a las limitaciones propias de la situación local. Los 12 editores de Sudáfrica, Benin, Mali, Costa de Marfil, Senegal, Camerún, Madagascar, Guinea y Burkina Faso que respondieron a nuestra encuesta advierten que la reconversión del sector del libro enfrenta numerosos escollos:

1) los profesionales locales no siempre cuentan con el know how necesario;

2) los editores no tienen digitalizados su fondos;

3) la piratería está muy extendida;

4) falta apoyo por parte del sector público;

5) el software resulta demasiado caro.

Para hacer frente al punto 1, será importante diseñar programas de capacitación, muchos de los cuales podrán ser llevados adelante en conjunto con instituciones que ya están actuando localmente, como el Centro Africano de Formación en la Edición y la Distribución (CAFED). Como varios de los editores entrevistados sugieren, también sería provechoso trabajar con las universidades de la región.[5] Las actividades deberán tener en cuenta temas técnicos –digitalización; conversión a ePub y otros formatos; programas de maquetación; tipografías; e-readers; celulares; POD–, jurídicos –derechos de autor; contratos de edición; contratos de distribución–; y económicos –modelos de negocio; estrategia de precios; costos de diferentes servicios digitales–, entre otros. Resultará crucial tratar estas cuestiones de manera dinámica –pues se trata de problemas que ni siquiera han sido resueltos por los países más industrializados– y experimental –ya que como vimos, los proyectos de más impacto han sido aquellos que han tenido en cuenta la infraestructura concreta y las necesidades reales del continente. Algunos entrevistados proponen crear una plataforma de intercambio virtual, para aquellos que cuenten con un acceso fluido a Internet.[6]

El segundo aspecto –la digitalización de fondos– también podría abordarse con la colaboración de actores locales como las universidades, que a menudo disponen de las instalaciones básicas para realizar tareas de escaneo y reconocimiento de texto. Será imprescindible en este caso coordinar el trabajo con las actividades de formación descritas en el punto 1.

Respecto de la piratería, es otro tema a discutir en las instancias de formación, en particular para evaluar si el modelo de negocio digital de los editores africanos debe pasar necesariamente por la venta de copias –tal como ocurre en el esquema analógico– o bien por la venta de licencias a instituciones locales e internacionales.[7]

Tal como refieren casi todos los entrevistados, el sector público no acompaña a la industria editorial en su presente analógico ni en sus exploraciones digitales. Serge Dontchueng Kouam señala que algunas regulaciones son no sólo inocuas sino incluso perjudiciales:

Hasta hoy, ha existido una suerte de injusticia. A nivel local, hay una elite que puede pagar por bienes y servicios por vía electrónica. Para ello, hace falta una tarjeta de crédito y una conexión a Internet propia. A la inversa, no existe ningún mecanismo de crédito que permita vender por Internet. De modo que el dinero circula en una dirección (Sur-Norte) pero no en la dirección contraria (Norte-Sur). A través de Internet pueden realizarse pagos hacia el extranjero pero no a la inversa.[8]

En este caso, será vital ejercer presión sobre las diferentes áreas involucradas, para que el trabajo de los editores no vea obstaculizado. Esto se aplica a las regulaciones del sistema bancario pero también a las inversiones en infraestructura, que pueden estimular el “ecosistema” de escritores, editores y emprendedores locales o bien arruinarlo por completo.

En cuanto al software, es claro que el precio de un programa como InDesign resulta prohibitivo para un editor de Burkina Faso o de Ruanda. Aquí existen varias opciones. Los editores que no tengan la posibilidad de prescindir de determinadas herramientas podrían solicitar una reducción en los precios de las mismas, dependiendo del número de interesados y de la presión que logren ejercer. Otra vía, también interesante, es recurrir a soluciones libres y open source. Hay que señalar que sólo dos de los editores entrevistados de África subsahariana manifestaron conocer soluciones open source. También en este punto será indispensable dar asistencia en formación, pero también en producción de software a medida, teniendo en cuenta las particulares posibilidades y exigencias del sector. Sin duda no será sencillo investigar y desarrollar herramientas personalizadas, dada la escasez de recursos de los emprendedores locales y la falta de apoyo del sector público. En cualquier caso, habría que trabajar de cerca con la comunidad de programadores de software libre y open source, que en África ha ganado una presencia creciente en los últimos años.[9] También pueden surgir oportunidades de colaboración con incubadoras de empresas, tales como Appfricalabs, HiveColab y Silicon Cape: de esos centros tal vez emerjan los próximos grandes proyectos de edición digital de África.[10]


Notas    
  1. Cf. Pape-Thoma, Birgit: “Ifrikiya, une maison d’édition camerounaise ouverte sur le continent”, Afrik, 5 de julio de 2010.
  2. Entrevista personal, diciembre de 2010.
  3. Ibidem.
  4. Ibidem.
  5. Cf. entrevista personal con Amande Reboul, bibliotecaria del Liceo Francés Saint-Exupéry, de Ouagadougou, diciembre de 2010.
  6. Cf. entrevista personal con Eric Kossonou, director de Éditions Éburnie, Costa de Marfil, enero de 2011.
  7. Cf. Attwell, Arthur: “Ereading and education in emerging markets”, On technology and information in the developing world, 8 de octubre de 2010.
  8. Cf. supra, diciembre de 2010.
  9. Prueba de ello es la gran repercusión lograda por las conferencias Idlelo, llevadas a cabo en Sudáfrica, Kenia, Senegal, Nigeria y Ghana, con el objetivo de discutir las oportunidades del open source en África subsahariana.
  10. Muchos de los start-ups digitales del continente pueden encontrarse en la página de Afrinnovator. Cf. “Archive: Web Apps”, Afrinnovator.
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2 Comentarios

  1. thierry quinqueton

     /  27/08/2011

    Il faudrait faire creuser par Serge ce qu’il dit du Print on demand de son point de vue d’éditeur africain : le POD d’abord comme outil de diffusion de la production du continent vers les autres continents, si j’ai bien compris?

  2. thierry quinqueton

     /  27/08/2011

    Comme tu le suggère, il y a des liens à établir avec les militants de l’open source concernant ce qui est dit sur le cout du software du point de vue des acteurs africains.

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